LA VIDA…¡NO ES SUEÑO!

Despertar de un largo sueño puede ser una experiencia que vivas luego del habitual descanso físico nocturno, necesario y reparador, pero también puede ser una experiencia que te ocurra en otro nivel de realidad y la vivas como una revelación incómoda, o hasta desconcertante, de lo que creías real y certero en tu vida y, de pronto, descubres que tu realidad es otra.

 Sueños y despertares como estos últimos, serán difíciles de evitar, pues no habrá pijama ni alarma programada que te los advierta. Se dan cuando se cumple el tiempo ineludible de tu consciencia, nunca antes ni después.

¿Y cómo son estos sueños y despertares?

Pues son esos estados de inconsciencia en los que puedes estar sumido durante un buen número de años (si es que no, tu vida entera), viviendo escenas de tu vida presentadas como reales, con personajes que parecen ser de carne y hueso, pero que solo están proyectando una imagen engañosa y ejecutando roles de ficción, como en el teatro, pero que, en principio, debes creer para iniciar tu proceso de inserción al mundo.

En este sueño, se te presentan conceptos e ideas de lo que significa ser hombre o mujer, los roles de padres, hijos, hermanos y del resto del mundo… Los miras con los únicos ojos que tienes y los construyes y registras en tu mundo psíquico con los primarios sentidos humanos del gusto, tacto y olfato, y la inteligencia lógica-racional con la que vienes dotado. Nada raro hasta aquí, pues ya sabemos que un bebé debe llorar antes de hablar y gatear antes de correr. El asunto es que la historia y los personajes representados en tu sueño tiene varios actos, como en las grandes representaciones escénicas. Aparece, entonces, el segundo reparto de actores y actrices: los maestros, los amigos, los primeros enamorad@s, figuras de influencia en los estudios superiores o trabajos, en fin… Todo esto termina de configurar la historia que crees real y que te sirve para proyectar tu vida, también sobre un escenario que aún no notas que existe, porque no has salido de la obra, es decir, del sueño.

Entonces empiezas a asumir responsabilidades y compromisos, todos estos basados y sostenidos en lo que observaste y asumiste como cierto. Y es aquí, donde el fascinante juego de la vida comienza…

 Puede iniciar con una que otra decepción o incomprensión de aquel de quien no esperabas un comportamiento poco amable o indiferente, o con una deslealtad que hiere tus sentimientos, o quizás, te encuentras con la envidia y falsa amistad. Todas estas cosillas dan inicio al proceso de despertar del sueño que, pausas más o pausas menos, podría continuar con desencantos mayores como las desilusiones amorosas, los matrimonios desdichados o relaciones tormentosas. Los velos de irrealidad siguen cayendo y ya para entonces vas entendiendo que tu vida requerirá de algunos ajustes en el programa interno responsable de generar el sueño.

Vas despertando y puede que lo que vayas viendo a tu alrededor no te guste, porque lo ves descolorido y menos luminoso que en la nebulosa de tu sueño, pero está ahí frente a ti, y no queda otra que despabilarse y quitarse “el pijama”.

Es aquí cuando empieza tu verdadera vida, esa en la que serás el/la protagonista de tu historia, la real, la que contendrá todos los componentes que tu sensibilidad, creatividad   e inteligencias (porque tienes varias) elijan y construyan, usando tus aciertos y errores en la vida real, la única que tienes por delante.

Con esto no quiero decirte que todo lo vivido en el estado de somnolencia sea descartable, no, es más bien información y material útil para ubicar a los personajes en su justa medida y lugar, sin idealizaciones, ni reproches, ni culpas. Rescatar lo valioso, sin perder de vista quién realmente quieres ser, sin traicionar tu verdadera naturaleza ni tus principios de vida.

Habrá veces en que no te quedará otra que despedirte de ciertos personajes y escenarios del sueño, no solo porque ya no vibran contigo, sino porque su cercanía puede retrasar o perjudicar tu crecimiento. Y no hay drama en esto, pues está en juego tu derecho a ser auténtico o morir internamente e ir contaminando, inevitablemente, tu entorno.

Si logras dejar el lecho y empezar a caminar, descubrirás que tu vida puede ser cada vez más plena. En la medida que valores todas las experiencias vividas, tanto en el sueño como en la vigilia, podrás decidir por ti mismo y construir la mejor versión de ti, desde la gratitud y la determinación.

Entonces, podrás reconocer a otro ser humano con un radar más afinado, más evolucionado, y relacionarte desde ahí, sabiendo que el amor auténtico parte del amor por tu propia vida e historia, por comprender y aceptar tu vulnerabilidad e imperfección, pero a la vez, siendo consciente de que toda vida es preciosa, sea que aún duerma el sueño de la inconsciencia o esté iniciando su despertar. Siendo responsable por ti, tus necesidades y tus actos, lo único que podrás ofrecer es amistad y amor serenos, pero impregnados de la pasión con que tú te permitas vivir cada día.

¡FELIZ DESPERTAR!

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