AL CELU LO QUE ES DEL CELU…Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

“Y con la mirada le dijo lo que no se atrevía a decirle con palabras, sostuvo con valor  ese momento deseando que durara lo suficiente para vaciar la copa de su incertidumbre, el vaso precioso de sus anhelos, la laguna azul de sus mejores intenciones; en suma, el torrente incontenible de su deseo de llegar  juntos  a un final feliz…”

Parecieran ser las líneas de una novelita romántica o la imagen del instante en que un  sexy actor de cine  intenta confesar su amor a la mujer ideal; o pudiera evocar esa indescriptible mirada  que en la memorable  escena del  clásico  film “Los puentes de Madisson”, el enigmático Clint Eastwood  le lanza a la talentosa Meryl Streep , cuando parado bajo la lluvia y mojado hasta los huesos, espera a  que ella se decida  a irse con él y empezar una nueva vida juntos.

Pero no, estas líneas pueden bien expresar la necesidad intensa de comunicar o comunicarse en una situación tan común como aclarar un malentendido, explicar una situación  complicada, o simplemente comunicar tu verdadero sentir sobre una situación.

SUR LA ROUTE DE MADISON,

Podrías, quizás, estar pensando que eso de comunicar o comunicarse es tan simple como enviar un mensajito de texto  en alguno de tus tantos  grupos de WhatsApp  o Facebook; o quizás, que no te importa mucho mejorar tu comunicación porque eso es tema de periodistas, novelistas y poetas.  Pero yo te pediría que dediques unos minutitos de tu tiempo a acompañarme en esta reflexión que ya me viene dando vueltas a la cabeza  hace un par de semanas.

Cuando pienso en el significado de Comunicación, inevitablemente me recuerda los  cursos de Lengua Castellana  que  decían cosas como: Acto de transmisión de un mensaje de un emisor a un   receptor a través de un código común. Y luego extendían el concepto:

Comunicación humana:  Acto de transmisión de un mensaje utilizando un código a través de  un canal  que es influido por el medio que rodea el acto comunicativo.

Confieso que  esta definición  me parecía muy complicada,  pero hoy, luego de regresar de una jornada de trabajo y bajar de un bus del Metropolitano en donde cualquier giro de mi cabecita se encontraba con un mortal conectado a sus audífonos, abducido por la pantalla de  su celu,  pensé: “¿Nos comunicamos más hoy o…hacemos como que nos comunicamos reemplazando un entretenido relato de lo que me pasó  por 8 fotos,  y alguna frase amiga por 3 emoticones ? 

 Podrás decirme que esto es mucho más práctico, rápido y “casi gratis”, que ahorras tiempo, dinero, energía, etc.,   y eso está  muy bien  si se trata de asuntos de trabajo o información puntual que necesitas transmitir pronto; pero si esta práctica se hace un hábito para comunicarte con tus seres  queridos, te aseguro que estarás perdiendo casi sin notarlo  la riqueza de tus relaciones . Porque  al reemplazar por una docena de mensajes cortos esos   encuentros y llamadas  que antes hacías  para   percibir el sentir de tus seres queridos a través de su mirada y los matices de su voz,  es como si cambiaras el cuidado de una rosa natural  por la compra de un florerito con una flor de plástico.  La justificación será siempre el tiempo y dinero  que ahorras, pero ese ahorro no te permitirá  fortalecer tus relaciones ni  disfrutar el tiempo de vida que te queda a ti y a  ellos … Porque nadie sabe el día  ni la hora.

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Entonces,  te comunicas no solo con palabras escritas  o imágenes, sino con tus acciones,  tu  mirada y  la intención sincera de tu corazón…Y todo esto  florece si  el encuentro es real y la mirada cercana y directa. Es más, al venir al mundo trajiste contigo un precioso mecanismo de comunicación:  La intención sincera de tu corazón, que solo puede hacer su trabajo lejos del bullicio de la calle o de tu música favorita sonando en tus orejas mientras escribes tus mensajes. Este precioso recurso  es simple, natural y gratuito (no depende de un plan, promoción o portabilidad), es algo que puedes hacer en la soledad de tu habitación, al despertar o irte a dormir , o en momento cualquiera del día. Basta con cerrar los ojos y conectar con tu verdadero sentir, con el anhelo que guardas en lo más íntimo de tu corazón, lo que no pudiste decir o decirle, lo que no puedes expresar con palabras  escritas ni habladas. Solo tienes que conectar con ese  lugar tan íntimamente tuyo,  y desde allí,  enviar tu verdad a ese otro  ser que puede estar cerca o lejos de ti ,  pero de seguro captará el mensaje.

Este es un gran recurso de la condición humana, pues muchas veces la comunicación abierta es compleja,  sobre todo si en tu familia los canales están averiados o rotos. Una vez oí decir a un hombre sabio: “En un hogar donde los padres se pelean, los hijos también se  pelean”.

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 Y creo que es verdad, pero aun así hay algunos recursos que pueden servir. Puedes, por ejemplo,  tender puentes levadizos en las relaciones con parientes “especiales”, puentes por  los que puedes llegar hasta el punto que tú  decidas y regresar  si la comunicación se interfiere  evitando  así  una confrontación. Esto puedes hacerlo las veces que sean necesarias, pues la estructura del puente es movible y la manejas tú.

 También sirven y son necesarias,  a veces, las paredes de cristal, especialmente cuando las relaciones son muy tensas y el contacto cercano con estas personas  te perjudica. Equivale a tomar distancia física por un tiempo y utilizar otros recursos como la palabra escrita o llamadas esporádicas. Lo importante en todo esto es recordar que el hecho de comunicar un mensaje a otra persona  no obliga a esta a hacer lo que le pides  o pensar como tú. De esa manera,  tu reacción no será emocional ni dramática si él /ella deciden actuar en dirección distinta a lo  que  tú esperas.

Entonces… “Al celu lo que es  del celu y  a Dios lo que es de Dios”

Un celular es un medio eficiente de comunicación pero no cumple las condiciones necesarias para la comunicación y conocimiento  humanos;  podría más bien atrofiarlos o echarlos a perder. La “distracción “ que ahora te ofrecen los operadores y que han incorporado a tu aparatito, no reemplazarán nunca los encuentros, las miradas , las intenciones  y la conexión interna con tus verdaderos sentimientos , anhelos e intenciones . Si así  lo decides, podrías  rescatar las anteriores vías de contacto humano, las carcajadas y conversaciones libres de soniditos y vibraciones inoportunas, los video juegos  podrían  ceder el asiento a los juegos de mesa y de campo abierto, la cascada de publicaciones en  Facebook e Instagram pueden detenerse para vivir momentos dedicados a una verdadera investigación sobre los temas de tu interés, y disfrutarlos en escenario real y no en  platónicas visitas virtuales en el bus. En fin, creo que  serás tú y solo tú quien decida activar la versión  más actualizada del maravilloso y sabio  dispositivo de tu SER.

 

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Y no puedo terminar esta reflexión sin recordar a Meche O.,  mi  amiga de toda la vida, con la  que hace más de cuatro décadas me comunico de la manera más sincera, solidaria y cómplice.  Ni la distancia física ni la voraz  tecnología han logrado separarnos. Nos conocimos en las aulas de Primaria y empezamos enviándonos cartitas de carpeta a carpeta. Luego,  llegó la adolescencia y hablábamos de nuestros  primeros enamorados  sentadas en las bancas de la plaza del pueblo que nos vio nacer. Años después, compartimos las experiencias de la maternidad en visitas frecuentes a nuestros atareados hogares,  y ella me regaló maravillosas ideas y objetos  impregnados de su exquisito don por la belleza y armonía. Y cuando se fue a vivir a  otro país, siempre estuvimos en contacto en cada regreso suyo. No tenemos una conexión activa en Facebook, Instagram, ni WhatsApp pero ambas conocemos nuestros números telefónicos, direcciones y  nos las ingeniamos para vernos, reírnos y visitarnos cada cierto tiempo. Nuestra amistad florece espontánea y libre en el campo del deseo real del corazón.

 

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No es cierto que sin celu y WiFi  ya no podrías vivir. Lo único cierto es que el verdadero celu está en tu cuerpo; los cables  son tus brazos abrazando a un ser querido; tu mirada, la mejor pantalla;   y  el mejor WiFi , la  intención sincera  de tu corazón que conecta con otros seres  sin importar   tiempo ni  distancia .

 Y aquí… me apago, pues la batería del alma también se recarga.

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