VEN A MI CASA…¿ESTA NAVIDAD?

Sentarse alrededor de una mesa familiar puede tener un significado importante y ser motivo de alegría y conversaciones amenas, como también puede ser un fértil campo de batalla, donde las críticas, el sarcasmo y los juicios broten como mala hierba. La misma mesa y las mismas sillas pueden servir para tan distantes y opuestos fines.

Y en esa mesa pueden estar los miembros de la familia, dispuestos a aceptarse y acogerse mutuamente, o a lanzar sus bengalas de inofensivas preguntas indiscretas o sus comentarios mal intencionados.

La fecha puede variar. Puede ser un cumpleaños, un aniversario, un Día del padre/ madre, una “noche buena” o la cena de Año Nuevo. Lo mismo da. El asunto es qué papel juegas tú en ese encuentro familiar. Puede ser motivo de siembra y cosecha de flores, frutos y granos de reserva para malos tiempos o campo de batalla en donde será difícil salir ileso luego de tanto bombardeo abierto o encubierto. Y tampoco necesitas a toda la familia involucrada en el asunto, porque para pelear y aguar la fiesta solo hacen faltan dos: papá y mamá, hermano(a) y hermana(a), papá e hijo, mamá e hijo(a), tía y mamá, y la lista de combinaciones simplemente continúa…

Pero ¿Qué culpa tienen la pobre mesa y las sillas? ¿Qué mal hicieron para soportar los  cuerpos emocionales de sus comensales , y el sin sentido de manteles, fuentes de pavo y ensalada, panetones, copas y cubiertos  que observan silenciosos  y bien decoraditos  tal batalla en medio  de la fiesta del amor y la reconciliación? Imagino que las más desubicadas resultan ser ellas (la mesa y las sillas) porque, al parecer, los protagonistas de la historia aún creen que celebran algo.

mesa decorada

No puedo sentarme a la mesa a celebrar una fiesta de amor cuando mi relación con los demás está basada en la desconfianza y la apariencia. Tampoco puedo sonreír eternamente cuando mi mirada se cruza con aquel o aquella con la que me llevo mal, con la que discuto siempre, con quien sé que no puedo contar si necesito algo (y no estamos hablando precisamente de   dinero). Tampoco está bien que me siente a la mesa con aquella persona   de la  que pienso muy diferente de lo que digo, con quien tengo que esforzarme para que no se note mi incomodidad, mi desazón al recordar episodios desagradables no resueltos, y no necesariamente por mi falta de interés , sino por decisión de él o ella.

También ocurre que hay ciclos que se cierran, recuerdos de mesas familiares a los que no te tienes que aferrar, porque los miembros de la familia crecen, se independizan (material y emocionalmente), forman nuevas familias y hay nuevas mesas. Hay que saber cuándo dar un paso al costado, sin resentimientos, respetar las nuevas costumbres, los nuevos valores, y comprender que tu papel es muchas veces solo de asistencia o colaboración; porque tu voz, tu opinión y tu experiencia, no cuentan más. Puedes compartir estas mesas, por supuesto, pero no tienes por qué estar presente siempre.

paloma libre

La mesa festiva (y las sillas) también resienten cuando estás ahí solo por “quedar bien” (léase “por compromiso”), porque no pudiste decir no a tiempo o no quisiste decirlo para no sentir la presión del ¡Cómo es posible que tú no estés en esa fecha! , Pero si es el cumpleaños/aniversario de tu(s)…o En Navidad tienes que…, etc.  Y así, te tragas el sapo del deber o del quedar bien y te mandas una actuación digna del Oscar al mejor actor/actriz, en una nominación solitaria, que lejos de traerte satisfacciones solo le pondrá más y más caretas a tu verdadero rostro. Y la factura, siempre la pagará tu sistema inmunológico, nervioso o digestivo, aunque a veces este último quiera creer que fue solo el panetón y el chocolate de la cena lo que te cayó mal. Todo esto si antes no te traiciona el personaje que intentas representar, porque “pisaste el palito”  y te enganchaste en una desagradable discusión.

Pero el mobiliario, vajilla y ornamentos no tienen mayor culpa. Tampoco la tienen las fechas para celebrar (Navidad, cumpleaños, Días del…) Ellas existen y están ahí para servir de medios para un fin. El problema está en quien los usa como pretexto para montar un espectáculo falso, justificado por la moral, las buenas costumbres, las tradiciones y los mandamientos religiosos, que se quedaron solo en las formas y en la prédica.

El problema está en nosotros, los seres humanos, que hasta hoy no somos capaces de vivir el verdadero significado de una celebración, llámese cumpleaños, reunión familiar o la tan esperada Navidad. Porque muchas veces, no lo hacemos con autenticidad ni en coherencia con nuestro verdadero sentir. Porque una sola fecha, o noche, no puede cambiar la forma en que te relacionas con la personas el resto de los días del año.

¿Quién dijo que era pecado el no sentarte a la mesa con aquellos con los que no te llevas bien?  ¿Acaso es una falta de respeto decir: Gracias , pasaré Navidad en otro ladoEsta vez no podré acompañarlos, pero espero pasen una linda reunión. ¿Es eso tan terrible? ¿No es peor sentarse a compartir fingiendo y reprimiendo sentimientos y pensamientos?

¿No es acaso mayor muestra de  amor y respeto por el otro decidir no asistir en una fecha especial  a un lugar determinado,  a una casa determinada,  porque sabes que no lo sientes de corazón y que no estarás bien ahí así  compartas un vínculo de sangre?

¿No es más saludable y preventivo un saludo amable por teléfono, o tal vez, saludar por separado al resto de miembros de tu sagrada familia, en momentos distintos y dando calidad en vez de cantidad?

abrazo navideño

Las indigestiones emocionales, luego de estos encuentros forzados, no se deben a las tradiciones religiosas o culturales (que también tienen su cuota de manipulación, pero no explican la raíz del problema); tampoco le echemos la culpa a la sociedad de consumo, que ha desvirtuado el sentido de las celebraciones, porque al fin y al cabo, tu dinero y cómo lo gastas lo decides Tú.

Lo que creo, más bien, es que el gran responsable de celebraciones disfuncionales somos nosotros mismos. Nosotros, que aún no hemos entendido la trascendencia del Conócete a ti mismo, del Ama a otros como te amas a ti mismo, porque de haber sido así, sabrías hacia dónde dirigir tus pasos, qué charcos no pisar, qué te resta energía, qué te daña, qué no necesitas, qué realmente te nutre y alimenta. Si supieras amarte, podrías amar a otro, a cualquier otro, lleve o no tu sangre. Podrías sentarte en la mesa que tú decidas y celebrar auténticas “noches buenas”, verdaderas celebraciones donde la fiesta sea grande y no necesariamente porque haya más pavo o champagne.

Pero nunca es tarde, y mi humilde sugerencia es que empieces a mirarte más por dentro, a identificar a tu familia espiritual. Esa que la Vida, que es Dios, que eres Tú, siempre te regala en el trayecto de tu existencia.  Quizás te sobren los dedos de la mano para contar a tus parientes espirituales, pero de que están, están.

Y es con ellos con quien tienes que celebrar, no una sino muchas navidades, encuentros, charlas, risas y abrazos.

Y con el resto, el respeto más absoluto, la cortesía y educación por sobre todas las cosas;  y una saludable y preventiva distancia; pues nadie está obligado a pensar como tú o a quererte.

Te deseo, en especial en esta próxima celebración, que el germen de una auténtica Navidad surja en tu corazón. Que lo alimentes y cuides para que cada año asista a una mesa de verdadero compartir. Y esa mesa es solo un símbolo externo, porque bien puede ser ella la orilla del mar, un parque tranquilo o una ventana que dé al cielo, en el que de seguro habrá luna llena (de gozo) que será la   estrella brillante que alumbre el nacimiento y crecimiento del verdadero Dios de Amor, Libertad y Verdad.

 ¡FELIZ NAVIDAD EN TU CORAZÓN!

Corazón navidad

TESTIMONIO NATALY_Mesa de trabajo 1

2 comentarios en “VEN A MI CASA…¿ESTA NAVIDAD?

  1. Nola Vilchez dijo:

    Vicky, no sé qué decir, pero en realidad es así como lo describes, muchas veces por no saber decir NO, o por pensar en el qué dirán pasamos reuniones fatales (navidad, cumpleaños, aniversarios etc), cuando debería de ser lo contrario. Estamos mal, estas líneas que escribes nos invitan a reflexionar y hacer cambios, decidir dónde y con quién queremos estar para realmente disfrutar, así solo sea el aire que respiramos.
    MUCHAS GRACIAS VICKY.
    FELIZ NAVIDAD DEL ALMA.

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    • Vivir en tu Ser dijo:

      Agradezco inmensamente tu comentaruo , Nola. Será bueno estar siempre atentos a nuestro sentir y actuar en coherencia. Es mejor tomarse un tiempo para decidir y ser leal a ti misma. Un abrazo y mis mejores deseos para ti.

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